
Hace no mucho creía
que la felicidad duredera existía.
Eso de vivir comiendo perdices
de jugar con nuestras narices,
hacer siempre lo que uno quiere
sin pensar tanto si se debe.
Mas más tarde tomé conciencia
no existe tal ciencia,
la alegría es pasajera
aunque así uno no lo quiera.
Pero qué bueno es cuando viene
y a pesar del mundo se mantiene.
Es que sólo de eso estoy hablando
de pasar la vida jugando.